Bienvenidos todos
A los montañistas siempre se nos hace la pregunta del por qué vamos a la montaña. Respuestas hay miles y nunca llegan a satisfacer la curiosidad de la gente. No entienden por qué nos acercamos al peligro.
Porque el montañismo es un deporte de riesgo, no lo negamos. Pero cuando lo aprendemos, logramos erradicar nuestros propios miedos. Por eso nos hemos dado a aprender y luego a enseñar nuestro deporte. Para vivir sin miedos.
Sin embargo, a los peligros que tiene la montaña en sí misma, ahora hay que agregar uno más: el peligro social.
Humberto Cabrera López fue asesinado el domingo 27 de agosto al tratar de defender la integridad física y psicológica de una de sus compañeras. Fue una bala disparada directamente en su cabeza mientras él estaba sujeto del cuello por el asaltante.
Fue un acto que lo validó como ser humano. Un ser humano hecho de principios muy arraigados, además de huesos, carne, sangre y calor. Dio su vida por algo que él creía muy importante. Fue un acto heroico.
Duele saber que ha muerto alguien cercano y más si descubrimos que es un héroe. Duele si es un hermano, un hijo, un confidente, un amigo, un compañero en la montaña, alguien con quien se ha vivido un fin de semana o 28 años.
Duele distinto, pero a todos nos duele. Por eso portamos el luto por fuera pero más por dentro.
Nos duele su pérdida porque no lo tendremos más con nosotros, porque ya no estará riendo, ni caminando o escalando con nosotros. Eso nos llena de dolor.
Pero también nos da miedo, nos da mucha rabia, nos encontramos con una enorme frustración y una impotencia sin medida al saber la forma en que murió. En manos de cobardes. La montaña ya no es la que nosotros conocíamos y nos preguntamos quiénes nos esperarán en algún lado.
¿Debemos dejar que esto suceda?
Como muchos de nosotros, Humberto amaba ir por la montaña y si su gesto lo consideramos en su entera magnitud, sería injusto hacer que su sacrificio por la vida quedara en el olvido.
¿Renunciar al montañismo? Entonces, ¿para qué murió?
Hoy nos hemos reunido aquí para decir adiós a este compañero, aunque quizá la palabra “adiós” suene definitiva. En realidad, sigue con nosotros. Por eso es que estamos aquí reunidos: por su presencia, por su calidad de vida, por la entereza de su amistad y por su forma de entregarse a lo que él creyó que era más importante que su propia vida: sus principios, que eran sus raíces.
Desde el domingo me he preguntado de qué estamos hechos todos nosotros y todos estamos hechos de lo mismo. Pero hay algo más esencial: estamos hechos de principios y eso es lo que nos distingue a unos de otros.
Humberto fue un hombre de principios arraigados. Por eso le damos las gracias y por eso sigue con nosotros.
La Asociación de Montañismo y Exploración de la Universidad Nacional Autónoma de México agradece a Humberto el haber compartido parte de su vida con nosotros y agradece a sus padres el haber dado a este mundo un hombre tan recto y tan ejemplar como él.
Humberto ingresó a nuestra Asociación en el año 2003 y apenas hace un par de semanas, le otorgamos el nivel de monitor de cursos dentro de nuestra Escuela de Montañismo. Ahora sabemos que lo merecía., más allá de toda duda.
De alguna manera, todos nosotros tenemos que seguir y si queremos ser justos con Humberto, debemos hacer no solamente algo, sino mucho.
Sabemos que la muerte de Humberto no es una pérdida sólo para una familia, ni tampoco para sus amigos, ni para el Montañismo Universitario. Es una gran pérdida para el montañismo nacional y también el montañismo mundial, que nos ha dejado llegar sus condolencias a través de Internet.